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Realismo energético o espejismo verde: escojamos
23
Nov 2016

Realismo energético o espejismo verde: escojamos

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Emma

 

Emma Tristán/Sergio Mora

 

[dropcap color=”green”]E[/dropcap]l Gobierno de Costa Rica nos conduce dentro de un escenario que cree que es verde. Sin embargo, en nuestro país la energía derivada de los hidrocarburos se consume para satisfacer las necesidades del transporte e industria y actualmente sobrepasa el 60% del total de la energía producida. A lo largo de su historia, Costa Rica ha importado la totalidad de los combustibles fósiles que utiliza y esta dependencia se contrapone a las afirmaciones del Gobierno, que:

“…declara y reitera su compromiso de NO al petróleo…”. Esta cita se tomó de la modificación al reglamento No. 36.693 MINAE-2014, mediante la cual el Gobierno extiende y amplía la moratoria a la exploración y explotación de los hidrocarburos nacionales hasta 2021. La moratoria original fue decretada en 2011 por la Administración Chinchilla, la cual vinculó únicamente la explotación petrolera, aunque permitía la investigación del recurso nacional.
El año pasado, como producto de un trabajo extenso, interdisciplinario e intersectorial para definir la visión país, se estableció una ruta para la gestión energética hasta 2030 y se publicó el Plan Nacional de Energía. A pesar de la conveniencia de generar ese recurso en el ámbito nacional, se prefirió no abordar el tema y se dejaron de lado opciones de mayor provecho para todos.

El Recurso de Hidrocarburos Nacionales es Desconocido

[dropcap color=”green”]A[/dropcap]ún no se conoce todo el potencial que tiene Costa Rica, a pesar de que durante los años 70 y 80 se realizaron varias campañas exploratorias. La única forma de saberlo es mediante una exploración renovada, con tecnología actualizada y que incluya las existencias del gas natural. Sin embargo, tanto la moratoria a la exploración y explotación como el Plan Nacional de Energía, le cerraron la puerta al conocimiento y al aprovechamiento de un recurso nacional que podría apuntalar la economía, reducir la factura petrolera y evitar la pérdida de divisas que desangra nuestra economía de manera crónica y creciente. Hemos entrado en un círculo vicioso: si no hay exploración no se conocerán las dimensiones del recurso ni sus beneficios y se mantiene la ignorancia acerca de esa fuente energética nacional. Por otra parte, sin ese el conocimiento no es posible tomar decisiones informadas acerca de la viabilidad de la explotación petrolera. El asunto quedará como un misterio absurdo y sin resolver.
Adicionalmente, la imposibilidad de investigar contradice una de las justificaciones de la moratoria original, en su versión de 2011, que indicaba la necesidad de actualizar la relevancia de los temas económicos, financieros y ambientales respectivos. La moratoria original proponía hacer una pausa, pero no cerrar la puerta.

Puerta Cerrada

[dropcap color=”green”]E[/dropcap]l Gobierno actual decidió escudarse en la moratoria y en el Plan Nacional de Energía para no hablar de un tema que él mismo ha vuelto tabú; se le han cerrado las puertas al diálogo hasta 2021 o hasta que alguno de nuestros gobernantes, más sensatos, comprenda la relevancia del tema. El país no debe rehuirle al tema escondiendo la cabeza en un agujero.
La preferencia por las energías verdes no debería conducir hacia la demonización de los hidrocarburos, al menos hasta que el país esté en capacidad real, tecnológica y financiera, para implantarlas de acuerdo con una relación de beneficio/costo realista y positiva desde el punto de vista socioeconómico y ambiental.
Parte de la población asocia la actividad petrolera a una actividad riesgosa. Sin embargo, la gestión de ese riesgo puede fundamentarse en la calidad de los controles que se pongan en práctica y de su fiscalización eficiente por parte del Gobierno y de la sociedad civil. Además, existe la creencia de que no contamos con el conocimiento ni los mecanismos para desarrollar una industria de hidrocarburos que se apegue a los mejores estándares internacionales. Esta afirmación no es cierta, pues el país todavía cuenta con un grupo de profesionales que participó en las campañas exploratorias previas y, además, con gran cantidad de especialistas en los temas sociales, ambientales y económicos. Es claro que deben reforzarse los controles, revisar el marco jurídico y la institucionalidad correspondientes para asegurar que las empresas concesionarias hagan una exploración y, eventualmente el aprovechamiento, de forma responsable con el ambiente y con la comunidad. Una estrategia para definir y aplicar esos controles, estándares y mecanismos de fiscalización es tan urgente como necesaria.
Esta situación contradictoria se mantendrá así mientras el país decida vivir dentro de un espejismo verde, en el que arbitrariamente se ha tachado la palabra “hidrocarburos” de todos los documentos oficiales y en donde no se ha querido ver, de frente, la realidad en la que todavía por varias décadas, dependeremos de ese recurso tan caro.

*Geólogos

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