
La Italia de Berlusconi fue el tubo de ensayo del “malismo punk” y el primer ministro italiano fue el maestro del malismo. El malismo descarado, con sus discursos de odio y sus afectos tristes. Es urgente que nos sobrepongamos a esta atmósfera opresiva, que nos ahoga a diario. Necesitamos con urgencia terapias colectivas de afectos felices.